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Soy mujer, madre, mediadora, abogada, fotógrafa o restauradora... Soy proyecto y anhelos. Soy proceso, tránsito y expectativa. Y, en tren de explicarme y encontrar la relación entre la mediación, la fotografía y el derecho, comparto una reflexión que tiene que ver con mi recorrido y que alguna vez asaltó mi pensamiento. Comencé estudiando derecho, adentrándome en el mundo del "deber ser" (tal como es presentado). En ese universo, me distraje con la filosofía... es mucho más seductor invertir esfuerzos en develar los misterios del "ser" y atorarse en ellos. La fotografía me llegó más tarde, cuando comprendí ¿? que sólo hay lo que hubo, el esto "ha sido" de Barthes, y sobre eso nuestra capacidad de resignificarlo para incidir, de alguna manera, en "lo que será". Y fluyo permanentemente entre los distintos tiempos y perspectivas que me ofrecen todas esas disciplinas a la vez. La mediación es una síntesis de todas ellas en mí. Es un espacio en el cual invito a explorarlas todas, poniendo a disposición de mis compañeros de viaje circunstanciales lo que ellas me aportaron a mi... y allí voy también. Pero todo, absolutamente todo ello, tiene un único objetivo común: EL ENCUENTRO.

lunes, 20 de julio de 2009

A mis amigos

La amistad no es un seguro…
es desafío y estímulo,
es un permiso para conocer al otro
y el privilegio de conocerse a uno mismo,
es trabajo y a la vez refugio para el cansancio del alma,
es incertidumbre y apuesta optimista
que invita a construir y habitar el sueño de Ser,
gracias a la interdependencia que nutre y nos otorga identidad.
Por ello, gracias por ser guía, compañía y horizonte
en este mundo que gira tan rápido que marea…
Gracias por poner en escala lo importante de la vida
en la aventura conjunta de ser Amigos
más allá del tiempo y del espacio.

jueves, 16 de julio de 2009

El paso de los años

El paso de los años tiene sus varas:
La lucidez, que delata el desgaste, y es más notoria si ha habido uso;
La paciencia, que surge de haber experimentado que el tiempo es relativo a la búsqueda;
La repetición, que opera cuando la búsqueda ha cesado;
La tolerancia, que se hace más complaciente cuanto más se ejercita;
La crítica, que es mas frecuente si inversamente proporcional a las propuestas;
El optimismo, que pone de manifiesto el aprendizaje adquirido;
Y la alegría, que es la única que nos confunde
Pues disimula el paso de los años al otorgarles sentido.

martes, 16 de junio de 2009

Más que una azalea...

Recipiente de ilusiones y promesas,
colores que matizan el frío sueño que atraviesan
y del que jamás despertarán.

A ciencia cierta, no hay certezas,
sólo la extraña duda de lo que pudo ser
perdida en la neblina espesa de lo que lo supo contener.

Florido presente ayuda a superar aquello que dejé,
en una primavera,
donde el mañana ya es ayer.

miércoles, 3 de junio de 2009

Olvido

Desmembrados, partidos,
tempranamente atravesados por el miedo,
eternamente marcados
por el duelo de tantos seres queridos.

Y como hojas de un árbol caído
esparcidas en el espacio y en el tiempo,
perdidos.

Años de silencio se asemejan al olvido
desterrado hoy por la chispa del recuerdo niño.

Celebremos, entonces, la nostalgia y la poesía
que permiten encontrarnos nuevamente en estos días.
Abonemos la memoria,
la presencia en nuestras mentes de “familia”
y sepamos hoy y siempre,
que el olvido es la muerte… lo que se opone a la vida.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Lo provisorio como esencia, lo definitivo como deseo

Si de algo he ido adquiriendo certeza a lo largo de mi recorrido, es de que toda decisión es provisoria… así no tengamos conciencia de ello.
Nuestra permanencia en el mundo lo es, por lo tanto, todo lo que en ella tenga lugar no puede escapar a esta singular condición.
Sin embargo, atormentados, a menudo tomamos nuestras decisiones como si fueran nuestra última oportunidad para pronunciarnos respecto de aquella cosa sobre la que decidimos… ¿Qué extraño poder sobrenatural creemos que nos asiste para que ello opere de esa manera? ¿O será que debemos resignificar y contextualizar el sentido de lo “definitivo”?
Me ha servido, y me seduce pensarlo de esta manera, que lo definitivo puede asimilarse a lo deseado. Se traduce en una firme intensión de vivenciar la decisión, arraigada en un profundo deseo de sostenerla y refrendarla.
Se trata de un caso paradigmático de lo que tantos comunicadores repiten a diario cuando dicen que “el lenguaje crea realidad”. Tal vez, hacer uso del vocablo “definitivo” sea el ejemplo más contundente de ello, ya que no sólo refiere a una situación que se verifica en el presente en el cual se enuncia, sino que anticipa (mas no garantiza) algo que se afirma se verificará en el futuro.
Bajo esta perspectiva, puede resultar más alentador para unos y menos para otros imprimir carácter definitivo a sus decisiones… En lo que a mi respecta, es más alentador, definitivamente.

viernes, 8 de mayo de 2009

No creo en morir

Una vez más el mismo tren. Pero esta vez, cual sardinas enlatadas cada cual disimula su incomodidad tras la zanahoria de llegar a alguna parte en la que descansa el día.
Mientras nos vemos sin mirarnos, sentada del lado de la ventanilla una mujer muy mayor, con hábitos de monja, entra en un sueño lenta y suavemente hasta quedarse dormida. Dos estaciones después comienza a dejar caer su cuerpo sobre la joven que, azarosamente, había resultado su compañera de asiento.
Cuando el contacto entre ellas superó el que se tolera entre extraños, la joven intentó despertarla o, al menos, hacerla volver a su eje. La mujer no respondía. Con los ojos ya entreabiertos seguía encima de ella, sin ninguna tonicidad muscular aparente. La joven empezó a inquietarse e, inmediatamente, intentó encontrar el pulso de la mujer. Ya pálidas ambas, algunos que observábamos la escena también nos inquietamos. Alguien preguntó si había un médico en el vagón. No había.
Una vez detenidos en la estación y alertado todo el tren de lo que sucedía, ingresó un guarda. En simultáneo la mujer despertaba, aunque se notaba que algo no estaba del todo bien en ella.
Al guarda le siguieron dos efectivos de la policía que invitaron amablemente a la mujer a descender del vagón y dejarse atender por una ambulancia a la que llamarían. La mujer, sin conciencia de lo que le había sucedido hasta el momento, se negaba y repetía “
estoy bien”. Diez minutos después, ante el pedido de varias personas que la circundaban y promovían su descenso bajo el pretexto de que sería tranquilizador para ella que la revisen, la mujer contestó “de acuerdo… si ustedes se quedan más tranquilos me bajo”.
El tren siguió su marcha y un lazo quedaba tendido entre los pasajeros… la experiencia que cada uno significará según sus posibilidades y deseos. En general, hasta donde pude escuchar, la mayoría creyó que la mujer moriría en el trayecto. No sé si alentaban su egreso del vagón para no verla morir o porque realmente les interesaba que fuera atendida. Uno expresó que “
si el tren no arrancaba habría más personas descompuestas por el encierro”. Los menos, permanecieron indiferentes. Yo estoy casi convencida de que la mujer estaba rezando y que habría entrado en un transe profundo del cual ni siquiera tomó conciencia. No obstante ello, no quisiera estar en los zapatos de su compañera de asiento.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Botón de muestra

Como les decía, viajar en tren puede ser una experiencia exquisita. A veces por lo fecundas que suelen ser las escenas que uno observa o aquellas en las que participa.
Imaginen esta situación: Retiro, andén I. Tren anunciado a las 16.13hs. hacia Tigre. Son las 16.15hs. y el tren aún no llegó. La gente se agolpa en las líneas que indican la entrada al vagón que está por venir. Llega el tren. Abren las puertas y entra el malón desesperado en busca de un asiento donde descansar su "no tan leve ser". Yo encuentro el mío... y ya comienzo a disfrutar mis treinta minutos de vuelo, cuando veo una mujer con su hija de unos siete añitos, ambas paradas. Inmediatamente recordé mi último viaje en tren con mis dos hijos, de tres y cuatro años respectivamente, en el cual nadie de los que vieron los malabares que yo hacía para sostenerme en pié con ambos, uno a cada lado, ofreció su sitio para aliviar mi esfuerzo y cuidar a los niños, nuestro futuro según dicen. El tren aún no había arrancado y me apresuré a ceder mi asiento a la niña.
Su madre, entre agradecida e indignada rechazó mi ofrecimiento y comenzó con una declamación dirigida al ejemplar masculino que estaba sentado enfrente de mi. “Ya no hay respeto! Ni a los niños, ni a las embarazadas ni a los ancianos les dan el asiento!”. El hombre, sabiéndose aludido y mirando por la ventana dijo “ahí tiene otro tren vacío”. Ella contestó “si, pero yo hice cola para este tren”. “Y yo también” retrucó él. Si la cosa hubiera terminado allí no me hubiera inspirado estas líneas. Pero el agregó, mirándola fijo, “igualdad de derechos, señora”.
Tuve que salir a lucir mis dotes de mediadora y calmar la ira de la mujer que, perpleja ante semejante afirmación, se lo quería comer en pedacitos. Mientras tanto, su hija miraba con la inocente sospecha de que algo tenía que ver en esto y bajaba la vista… vergüenza por él, vergüenza por ella, vergüenza por sí misma… igual. Lo que es una vergüenza es que haya tenido que ser objeto de tan desamorado sujeto que, cabe suponer, no tenía hijos.
Cuando todo volvió en calma comencé a pensar ¿Qué habría querido decir este hombre con “igualdad de derechos”. ¿Qué entiende la gente cuando alude a tan importante logro de la civilización?. ¿Qué enseñan los que enseñan respecto de esto?.
Está claro que este hombre, como se dice vulgarmente, orinó fuera del tarro…
Pero lo más terrible es que su orín cayó sobre todos nosotros, mostrándonos una escena que se repite cada día y que taladra el “respeto” por la condición ajena y empobrece la visión de “los derechos”, al emparentarlos a la esfera de egoísmo más primitiva de la especie humana.

Mientras yo pensaba esto, circulaba por el vagón un ciego… que aunque parezca obvio, vendía hebillas invisibles para el pelo.