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Soy mujer, madre, mediadora, abogada, fotógrafa o restauradora... Soy proyecto y anhelos. Soy proceso, tránsito y expectativa. Y, en tren de explicarme y encontrar la relación entre la mediación, la fotografía y el derecho, comparto una reflexión que tiene que ver con mi recorrido y que alguna vez asaltó mi pensamiento. Comencé estudiando derecho, adentrándome en el mundo del "deber ser" (tal como es presentado). En ese universo, me distraje con la filosofía... es mucho más seductor invertir esfuerzos en develar los misterios del "ser" y atorarse en ellos. La fotografía me llegó más tarde, cuando comprendí ¿? que sólo hay lo que hubo, el esto "ha sido" de Barthes, y sobre eso nuestra capacidad de resignificarlo para incidir, de alguna manera, en "lo que será". Y fluyo permanentemente entre los distintos tiempos y perspectivas que me ofrecen todas esas disciplinas a la vez. La mediación es una síntesis de todas ellas en mí. Es un espacio en el cual invito a explorarlas todas, poniendo a disposición de mis compañeros de viaje circunstanciales lo que ellas me aportaron a mi... y allí voy también. Pero todo, absolutamente todo ello, tiene un único objetivo común: EL ENCUENTRO.

jueves, 30 de enero de 2020

DECIDIR


Era un teatro bonito, de esos que se imponen al paso del tiempo con sus butacas de pana y firuletes rimbombantes. Ella, vestida con un trajecito con flores de lentejuelas bordadas una por una por su mamá, había llegado de su mano esa noche, como tantas otras. Peinada con rulos de esos que en su pelo duraban un suspiro y con los labios pintados con el rouge que solía probarse a escondidas en el baño de su casa, se encontró parada en ese espacio mágico, el escenario.
Rodeada de cortinas densas y obscuras y sobre el piso gastado por los pasos de quienes, como ella, allí jugaban a ser otros, vio sus pequeños pies con las zapatillitas también gastadas. Intentó reconocer alguna cara familiar entre el público, pero esa noche las luces le impidieron ver cualquier cara. Ella sabía que estaba acompañada, pero no podía sentirlo… se sentía pequeñita y sola.
Hasta entonces había sabido convivir con la duda acerca de si estaba allí por su propio deseo o por obra de alguien más.
De repente, la música se paró, las luces se congelaron, el tiempo se detuvo y ella quedó inmóvil frente a sí misma.
Siempre le había llamado la atención esa cuerda color beige claro deshilachada, pesada y tan pasiva que contrastaba con las bambalinas negras y con la que se abría y se cerraba el telón. Pero esta vez pensó que se trataba de una invitación a decidir. Bastaba con tirar de ella o ignorarla para despejar su duda.
Y decidió.

2 comentarios:

Jorge Curinao dijo...

¡Qué lindo escribe usted! Saludos.

Unknown dijo...

Siempre fuiste una Diosa muy talentosa......Sergio Di Gioia en una noche de pandemia e insomnio